Leonardo Iparraguirre relató el pánico vivido en Dubái con su familia por alertas de misiles iraníes, geolocalizadas en sus teléfonos argentinos a la 1:30 de la mañana. Viajaban a Japón con escala, disfrutando tres días de ensueño, pero una excursión al desierto coincidió con cañitas voladoras y tensiones crecientes cerca del Burj Khalifa y el aeropuerto.
Cientos de argentinos quedaron varados por el cierre aéreo tras una bomba en el aeropuerto de Dubái. Iparraguirre describió el caos: alarmas en árabe e inglés ordenando refugiarse en subsuelos de estacionamientos hoteleros, pánico familiar pensando en ataques nucleares, y taxis hacia zonas supuestamente seguras entre objetivos probables.
Lograron volver en un vuelo a San Pablo gracias a insistencia con aerolíneas y cancillería, que programó repatriaciones para domingo, lunes y martes. Precios de vuelos se dispararon a 900 euros, y el espacio aéreo mostró un agujero negro en mapas. Pidió calma a los 400 detenidos misiles/drones y valoró la estabilidad argentina.
El panel cerró debatiendo si la gente ignoró avisos previos de escalada, y un experto lamentó la destrucción de la reputación de estabilidad del Golfo por Irán, deseando paz para los 90 millones de iraníes oprimidos.