Leonardo Iparraguirre, argentino varado en Dubái con su esposa e hijo menor rumbo a Japón, relató el pánico tras alertas de misiles en sus teléfonos a la 1:30 de la mañana durante el conflicto Irán-Israel. La alarma sonó en árabe e inglés advirtiendo refugiarse, geolocalizándolos pese a ser turistas, mientras veían cañitas voladoras y temían ataques al Burj Khalifa o aeropuerto.
Corrían a un subsuelo de estacionamiento como refugio seguro, pero en pánico tomaron un taxi hacia una biblioteca intermedia, sintiendo que Dubái, centro turístico mundial, era blanco por su altura y proximidad a Irán. La gente local confiaba en el Emir y Alá, pero ellos evaluaban mapas y riesgos nucleares.
Tras detener 400 misiles y drones, volvieron al hotel, pero precios de vuelos explotaron a 900 euros por trayecto a Omán o El Cairo. Lograron regreso vía Cancillería argentina en uno de los primeros vuelos a San Pablo, tras insistir con aerolíneas en medio de caos y filas desorganizadas.
Otros argentinos siguen varados, con vuelos programados domingo a martes; Iparraguirre abrazó su suerte y aconsejó insistir sin locuras, valorando Argentina pese a todo. El cierre del programa lamentó la pérdida de reputación de Dubái por Irán y urgió retornos.