La población iraní no ha protagonizado protestas masivas tras la muerte del líder supremo Ali Khamenei y los intensos bombardeos de Estados Unidos e Israel, lo que decepciona las expectativas de un cambio de régimen impulsado por Donald Trump. Expertos en el panel explicaron que un ataque externo podría estar consolidando el apoyo interno al régimen, sumado al recuerdo de la represión brutal de manifestaciones previas, donde Irán admitió 3.000 muertos y Trump estimó más de 30.000. La oposición interna permanece dividida, sin un liderazgo claro.
Se debatió la posible sucesión en Irán, con Mojtaba Jamenei como candidato probable del sector duro y poco conciliador, frente a figuras como Ali Larijani con credenciales diplomáticas en el programa nuclear. Ninguna parte muestra disposición a retroceder, y la elección del nuevo líder supremo indicará el tono futuro del conflicto. Trump lamentó la muerte de contactos negociadores iraníes en los ataques.
Rusia y China ofrecen apoyo limitado a Irán, distraídos por Ucrania y priorizando comercio. Rusia, empantanada en su guerra, no intervino decisivamente por Bashar al-Assad ni en conflictos previos de Irán, aunque se reporta inteligencia compartida. China brinda respaldo diplomático pero evita involucrarse militarmente, esperando errores estadounidenses y perjudicada por la regionalización del conflicto que afecta sus lazos comerciales en la zona.
Europa muestra divisiones: España rechaza la guerra como ilegítima, Alemania valida objetivos y provee armas a Israel, mientras la Unión Europea queda paralizada. Reino Unido y Francia adoptan posturas intermedias, enfocándose en defensa de Chipre ante ataques iraníes. Turquía, atacada, complica el rol de la OTAN. Países del Golfo como Qatar y Omán, con dobles juegos previos, insinúan respuestas contra Irán junto a Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.
El debate evaluó opciones para Trump: negociación de bajo costo similar al caso venezolano con Delcy Rodríguez, o riesgosa invasión terrestre como en Irak y Afganistán, improbable por costos electorales y falta de apoyo local. Los objetivos podrían replegarse a misiles, uranio enriquecido y proxies regionales, en una guerra popular en Israel pero impopular en EE.UU.