El predicador hermano Gerardo afirma que los apóstoles originales de Jesucristo son los únicos válidos, sin sucesores posibles, porque Pablo los describió como los últimos exhibidos como sentenciados a muerte ante el mundo, ángeles y hombres. Su apostolado perdura hasta los confines de la tierra por el poder del Espíritu Santo, cumpliendo la promesa de Jesús de ser testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y lo último de la tierra.
Pedro reemplazó a Judas entre los doce apóstoles tras su traición. Jesús envió profetas, sabios y escribas después, algunos perseguidos. Alrededor de 34 años post-ascensión, y 60 años después en su epístola universal, Juan advirtió a los cristianos dispersos no creer a todo espíritu sino probarlos, pues muchos falsos profetas habían salido al mundo.
Juan detalla en el versículo 2 el test: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios, y el que no confiesa a Jesús no es de Dios, sino del Anticristo, que ya estaba en el mundo. Por eso, desde la ascensión de Jesús surgieron falsos profetas que no confiesan a Cristo, promoviendo otros como Shinto o Buda.
Es posible encontrar profetas legítimos enviados por Dios hasta el fin de los tiempos, pero no apóstoles verdaderos, ya que estos fueron los últimos. El hermano Gerardo confirma haber entendido la explicación bíblica.