El gobierno desplegó balzas de infantería con escudos, bastones y protectores contra las familias de trabajadores de FATE que protestaban por despidos y crisis, en un acto de represión brutal que generó gritos de "¡Milei es un hijo de puta!".
Panelistas denuncian que no hay que temer a la represión y critican la política económica que lleva a industricidio, mientras un empresario en sala de espera describe la economía como "negro, todo oscuro", con pymes angustiadas por falta de ventas, producción y aumento del desempleo.
Voces del gobierno insisten en reformas laborales y apertura económica, pero se acusa al oficialismo de vivir en un relato indignante que ignora la realidad de miseria y falta de reactivación pese a supuestos crecimientos.
La protesta refleja la desesperación de trabajadores frente a amenazas de desindustrialización masiva.