Una participante de Gran Hermano reveló sentirse discriminada por clasismo durante la primera semana del programa. Otra housemate realizaba comentarios despectivos sobre su ropa y vestidos, atribuyéndolo a diferencias de clase social.
Los comentarios incluían burlas constantes sobre su apariencia y origen, lo que generó un ambiente hostil. La afectada pidió disculpas al agresor, pero sintió que no eran sinceras y que provenían de alguien con prejuicios evidentes.
Explicó que perdonó porque no era quién para negar una disculpa solicitada, pero exigió que cesaran las habladurías negativas a sus espaldas. El grupo coincidió en que tales actitudes reflejan un problema de fondo en la convivencia.