En la columna del Dr. Romero, expertos explican la colombofilia, deporte federado con más de 140 clubes y 3500 aficionados en Argentina, donde palomas mensajeras compiten volando hasta 1200 kilómetros a velocidades de 115-120 km/h para regresar a su palomar, como en el Gran Premio Zapala.
Desde un palomar en Francisco Álvarez, el presidente de la Federación Colombófila Argentina, Osvaldo, y el anfitrión Alejandro detallan que cada paloma lleva un anillo como DNI desde el nacimiento, usado históricamente para mensajes en guerras y expediciones. Las palomas reconocen su hogar por impronta, aprendida en etapas tempranas, y teorías como el magnetismo terrestre o visual. El Ejército Argentino mantiene un palomar para emergencias, como hipotéticamente en Malvinas.
Si una paloma se pierde, busca humanos por instinto y la Federación coordina rescates vía red y teléfono, devolviéndola a su dueño. Las palomas defienden ferozmente su nido propio, incluso exhaustas. La actividad, originada en Bélgica e introducida por belgas en Argentina, ahora incluye análisis de ADN para pedigrees y estudio del iris para cruces genéticos según teorías belgas.
Protegidas por ley como no plagas, las palomas colombófilas forman parte de defensa nacional y están reconocidas por el Comité Olímpico Internacional y Nacional. La pasión de los colombófilos, como Alejandro que prioriza las palomas sobre su empresa, resalta el fanatismo por esta actividad accesible a cualquier edad.