El padre de Paola Sisewski, víctima del atentado a la AMIA el 18 de julio de 1994, relató cómo su hija de 20 años bajó por un café al momento de la explosión, muriendo junto al delivery y guardias de seguridad. Era su primer y último día en la institución, tres meses después de un llamado falso bomba donde le rogó a su madre que renunciara.
Luis Sisewski y expertos explicaron obstáculos al juicio en ausencia contra iraníes prófugos: apelaciones del defensor oficial por inconstitucionalidad, rechazadas en instancias previas pero retrasando el proceso. Detallaron fallas locales como policías ausentes del patrullero y volquetes que facilitaron la entrada de la camioneta bomba, que explotó dentro del edificio cortándolo por la mitad.
Denunciaron conexión local inevitable para el atentado, infiltración iraní vía triple frontera con células de Hezbollah, espías con pasaportes venezolanos y bolivianos, y rol de Mohan Ravani. Ali Delía, autoproclamado jefe de la Guardia Revolucionaria en Argentina, anticipó nuevo atentado culpando a Israel, en sintonía con el kirchnerismo que deslindaba culpa de Irán.
Sisewski compartió el duelo familiar: cargan una mochila de 32 años sin justicia, aprendiendo a vivir sin manual, algunos sucumbiendo al dolor. Admite felicidad en bodas de hijos y nacimientos de nietos, impulsado por mandato personal y búsqueda de condena para que las víctimas descansen en paz.