Roberto Álvarez Ávila, uno de los seis detenidos en una lancha rápida interceptada el 25 de febrero, falleció el 4 de marzo bajo custodia cubana tras ser herido en un presunto tiroteo con guardias fronterizos.
La embarcación provenía de Florida y navegaba por aguas territoriales cubanas, lo que eleva a cinco el número de víctimas fatales en el incidente.
La situación genera tensiones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, en un contexto de dificultades para el régimen cubano.
La Fiscalía General de la República imputó a los sobrevivientes cargos de terrorismo, con penas posibles de 10 años de prisión, cadena perpetua o muerte.