Estados Unidos e Israel intensifican guerra psicológica contra Irán en su séptimo día de conflicto, con el Mossad invitando a iraníes a colaborar con información para quebrar el régimen desde adentro y Donald Trump instando a diplomáticos iraníes en el mundo a pedir asilo político.
La estrategia busca presionar por la renuncia de funcionarios clave y debilitar el régimen, haciendo un paralelo con la transición en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero y el rol de Delcy Rodríguez al mando, que Estados Unidos ve como un éxito hacia la libertad.
Irán está acéfala porque Estados Unidos mató a casi 50 personas de su cúpula, descartando posibles sucesores como el hijo de Khamenei por falta de conocimientos, y exige participar en la elección del próximo líder. El Congreso de EE.UU. rechazó frenar la guerra, dando vía libre a Trump.
En las calles de Estados Unidos, la gente acepta que la guerra durará semanas, busca precios bajos de nafta que sube sutilmente pese a negaciones de Trump, y teme atentados terroristas con mayor seguridad en lugares clave. Trump prioriza terminar con el régimen iraní tirano sobre impactos electorales.
El Mossad hackeó medios iraníes, asesinó al líder supremo Khamenei y envió mensajes en persa instando a colaborar, generando incertidumbre global.