Una mujer divorciada lleva joyas compradas por su ex esposo a Leiva Joyas para venderlas como indemnización por daños y recoje 5.300.000 pesos en dólares, sin que él sepa que se las llevó hace dos semanas.
La empleada Francisco evalúa un prendedor de 1920 con brillantes, de la década dorada similar a Cartier, destacando su valor histórico, y una pieza de la caja de su madre con diamantillas. La clienta, aún enojada por la traición, duda del valor de una tercera pieza por su color extraño, pero resulta ser una carcasa de reloj de oro hecha a medida, pesada y valiosa por el metal.
El total por las tres piezas asciende a 5.300.000 pesos, pagaderos en dólares al instante. La mujer celebra el trato rápido y amable, afirmando que no esperaba un precio tan alto y se siente muy contenta con los resultados después de la transacción.
En su testimonio final, destaca la atención recibida y cómo transformó objetos de resentimiento en dinero útil.