La pelea entre Javier Milei y Cristina Fernández de Kirchner es una guerra prefabricada que beneficia a ambos: Milei extermina el kirchnerismo con su batalla cultural, mientras Cristina liquida el peronismo y queda con La Cámpora y los K.
Durante este enfrentamiento pautado, surgen candidatos como Villarroel con su voto facho duro, Mauricio Macri con 19 puntos en encuestas y una ola de indecisos, recordando cómo Carlos Menem pasó de villano a estadista. El conductor advierte que Milei se convertirá en estadista fácilmente sin oposición fuerte.
Critica la economía: los pobres sobreviven con polenta y arroz, pero la clase media está destruida por bifes caros, ropa de marca inalcanzable y 30.000 kioscos cerrados. Milei no ve esta realidad, como le pasó a Macri.
Karina Milei enamora de los Menem y excluye a Santiago Caputo, quien se siente traicionado por armar el triunfo de Milei y ahora busca revancha. Advierte sobre el poder de 300 jueces y el riesgo de que se conviertan en perseguidores como Cristina.
Ambos líderes son idénticos, hay que exigirles sin admiración desmedida para evitar dictadores. El poder es del pueblo, no de caciques como Perón, y urge gente nueva en política.