Lucila, maestra en el Centro de Educación Complementaria 802 de Bahía Blanca, adopta a Rocío, su exalumna que vivía en un hogar tras medida de abrigo.
Rochi pidió directamente a Lucila que la adoptara después de un helado; iniciaron un vínculo afectivo atípico con visitas dominicales y terapias para el Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) de la niña, causado por desnutrición y violencia.
Lucila asumió responsabilidad afectiva y civil, llevó a Rochi a neurólogos y enfrentaron juicios penales contra agresores, donde la niña declaró.
La historia destaca valentía, sueños y amor en un proceso de adopción que atraviesa corazones.