Una mujer lleva un reloj Rolex fabricado en 1954 a la joyería Leiva Joya para cotizarlo y financiará un viaje con su marido, quien ignora la venta del regalo que nunca usó.
El joyero examina el reloj bicolor con bisel combinado y malla oyster, nota que le falta un eslabón y no trae caja ni papeles, pero lo cataloga impecable por su poco uso.
Cotizan el Rolex en 16 millones 600 mil pesos, aunque ella esperaba más; le sugieren mejorar el precio si trae la caja original, que podría estar en su mudanza.
La clienta, de Almagro, planea buscar la caja y regresar esa misma tarde, ya que el salón abre hasta las 20 horas, para negociar un mejor valor y concretar el viaje romántico.