En la peatonal 9 de Julio de Lanús, reporteros recorren la zona mostrando múltiples locales cerrados o en liquidación total por la profunda recesión, con carteles de inmobiliarias ofreciendo alquileres y comerciantes confirmando ventas muy bajas pese a promociones agresivas como dos remeras por 14.000 pesos.
Una encargada de un negocio que funcionó ocho años explica que cierran por alquileres elevados, impuestos caros y caída en ventas, dejando sin trabajo a cuatro o cinco empleados, incluyendo a ella misma que tiene hijos y busca nuevas opciones sin culpar directamente al gobierno actual.
Otros testimonios de verduleros y comerciantes de Avellaneda refuerzan la crisis: la gente compra lo mínimo como una papa, una cebolla o dos huevos para sobrevivir, las ventas cayeron drásticamente incluso en rubros como aberturas por paralización de obras, y algunos comparan la situación con la crisis del 2001.
El periodista destaca la sorpresa ante la falta de culpas al gobierno pese al derrumbe económico y la ausencia de dinero en los bolsillos, insistiendo en que la recesión es un hecho palpable con despidos y promociones desesperadas que no logran reactivar el consumo.
Comerciantes coinciden en que, aunque la inflación bajó, las bajas ventas y costos fijos generan cierres inevitables en esta emblemática peatonal del conurbano bonaerense.