Carlos Perciabal, ícono del espectáculo con 60 años de carrera, remata en Uruguay sus reliquias, vestuarios y objetos personales de revistas y café concert para sobrevivir, tras problemas graves como hipoteca de su casa en Punta del Este y deterioro de salud.
El panel mostró imágenes de trajes únicos confeccionados con telas traídas de Francia, tasados en precios accesibles como 43 dólares base más embalaje, pero lamentan que no alcancen el valor sentimental o económico real, y que no aparezca un fanático para salvarlos todos.
Comparan con Antonio Gasalla, quien también sufrió robos y no vendió sus objetos antes de fallecer; sugieren que el Estado compre para un museo de cómicos argentinos, como la exposición de Gasalla en el Palacio Libertad.
Perciabal descompensó al ver al tasador llevarse su pasado de un museo personal en su casa, donde guardaba todo lo lucido en escena; el panel emotivamente describe piel de gallina por las fotos tristísimas que no hacen justicia a los colores.
Discuten vulnerabilidad de adultos mayores sin familia directa, dificultades para ceder control financiero, robos previos y ventas forzadas por asesores o salud, como la chacra malvendida de China Zorrilla.