La Ciudad de Buenos Aires prohibió el uso de celulares en aulas de secundarias durante las clases, medida anunciada por Jorge Macri y Mercedes Miguel. La norma ya regía en jardines y primarias, y ahora se extiende al secundario con cajas de "Momento Aprendizaje" donde los alumnos depositan los dispositivos al ingresar.
El 94% de los estudiantes secundarios lleva celular a clase, pero solo el 20% lo usa para tareas escolares; el resto se distrae con redes sociales y entretenimiento. Cinco de cada diez adolescentes quiere reducir su uso pero no puede, atrapados en la adicción a los algoritmos.
Los docentes describen los celulares como un "arma de distracción constante" que impide generar vínculos en el aula sin pantallas. El panel comparte anécdotas personales sobre dependencia: hackeos, olvidos que generan pánico y la necesidad de doble verificación para mails y WhatsApp.
En la práctica, en colegios porteños los celulares se guardan hasta el recreo o almuerzo y se devuelven al final del día. Los conductores coinciden en que es perfecto para evitar distracciones, proponiendo actividades físicas y aprender a aburrirse como en épocas analógicas sin tecnología.
Recuerdan infancias sin celulares, inventando juegos en el recreo, y destacan que las clases obligan a concentrarse pese al aburrimiento, sin demonizar la tecnología útil pero distractora.