El consumo de pollo aumentó en los hogares argentinos debido a los altos precios de la carne, convirtiéndose en una opción económica para el día a día. Las familias buscan comidas calóricas y accesibles que puedan complementar con otros alimentos.
El 85% de los argentinos come pollo entre una y siete veces por semana, mientras que el 11% lo hace diariamente. En los últimos 35 años, el consumo per cápita de pollo creció drásticamente, modificando la dinámica alimentaria por motivos económicos.
La carne vacuna subió un 54% en 2020, mientras que el pollo aumentó solo un 19%, por debajo de la inflación acumulada de 2025. Aunque el pollo aceleró en enero de 2026, sigue siendo mucho más barato que la carne.
Este cambio no responde a conciencia saludable como con los huevos, sino a la necesidad de reemplazar proteínas caras por opciones asequibles que el bolsillo pueda soportar.