Una mujer identificada como Joana abandonó a un bebé de horas en una bolsa en la calle, con el cordón umbilical aún colgando, vestido con ropa usada y abrigado, pero expuesto a perros sueltos y sangre alrededor; una joven llamada Valentina lo encontró por un ruido, pensando que era un animal, y alertó a vecinos y policía.
El bebé sobrevivió de milagro y está bien de salud en el hospital tras un operativo vecinal; cámaras de seguridad captaron a Joana llegando con la bolsa, dejándola y yéndose sin ella directamente a su casa, donde vive con su pareja mujer y otra persona, aunque vecinos dudan que sea hijo biológico de ellas ya que ninguna estuvo embarazada.
Joana declaró que el bebé es suyo, pero la justicia ordenó ADN para confirmar paternidad con ella, su pareja o la tercera mujer; un mensaje de texto de Joana sugiere que lo hizo "para salvar las papas" de alguien, y enfrenta investigación por el abandono criminal que casi lo mata.
Periodistas repudian el acto, cuestionando por qué no lo dejó en un hospital, iglesia o bomberos en vez de arrojarlo como basura, y advierten contra restituir lazos sanguíneos sin evaluar el contexto familiar destructivo.