Ali Khamenei, líder supremo de Irán, murió a los 86 años tras 36 años gobernando el país, en medio de intensos ataques aéreos de Estados Unidos e Israel. Su funeral se prevé en una mezquita de Teherán y será enterrado en la ciudad santa de Mashhad, donde nació.
Pete Hegseth, secretario de Defensa estadounidense, amenazó a Irán con ataques "más precisos, poderosos y letales" desde el Comando Central, mientras el control de los cielos aumenta. Funcionarios de EE.UU. afirmaron que el objetivo es destruir la capacidad iraní de proyectar fuerzas más allá de sus fronteras, y Donald Trump instó a los iraníes a derrocar al liderazgo clerical. Irán calificó la guerra de ataque no provocado y respondió con misiles, drones y cierre del estrecho de Ormuz.
China, a través de la portavoz Mao Ning, exigió medidas para proteger su seguridad energética ante la amenaza al suministro global de petróleo por el estrecho de Ormuz. Friedrich Merz, canciller alemán, apoyó a EE.UU. e Israel pero pidió un fin rápido por el daño económico. Keir Starmer, primer ministro británico, anunció envío de un destructor y helicópteros antidrones a Chipre tras un ataque con dron.
Mark Rutte, secretario general de la OTAN, aseguró amplio apoyo europeo a los bombardeos contra la capacidad nuclear y de misiles iraníes, y aplausos a la muerte de Khamenei. Israel eliminó a Daoud Al-Isada, comandante interino de las Fuerzas Quds, clave en Hezbollah y Hamas. Trump prometió que la Armada de EE.UU. escoltará buques por Ormuz pese a amenazas iraníes.
Teherán sufrió ataques aéreos con columnas de humo en múltiples zonas, reportados por China Media Group.