Joaquín Levington, líder de Turf, revive con humor el infarto que sufrió en vivo en el estudio del programa, recordando cómo le cayó todo mientras grababan y preguntaba si llegaría al hospital.
El rockero cuenta anécdotas locas como tapar el jacuzzi con una empanada, olvidar un show y llegar tarde al avión rumbo a Uruguay donde la gente esperó 45 minutos, y el enfrentamiento con una vecina de Recoleta que lo criticó por sus ideas políticas mientras repartía alfajores de pescado llamados Raúl.
Dice tener ahora 37 años porque maduró tras desmayarse por charlas eternas de Andrés, y su esposa Isa vendió la casa para pagar deudas. El panel lo adora aunque lo ve cada día más pavote y como tía chismosa, recomendando ver su nuevo programa, y corren rumores de que el Circo Rodas lo llamó para shows.
Los conductores lo declaran nuevo ídolo y militan dejar de exigir alineación política a famosos como él, Calamaro, Franchella o el Dibu Martínez, criticando la grieta que obliga a todos a opinar igual.