Samira, iraní naturalizada argentina que vivió 30 años en Irán, se conectó en vivo para criticar duramente al régimen de los ayatolás. Residió allí desde los 14 hasta los 30 años, primero bajo el Shah con libertades relativas y luego bajo la represión islamista durante 16 años.
Samira relató las atrocidades del régimen contra las mujeres: desde los primeros años post-revolución, usaron navajas y ácido para forzar el velo, desfigurando caras de las más lindas. Resistieron, pero murieron unos 60.000 iraníes en protestas, con 1.000 heridos graves y 70.000 ciegos por tiros directos a los ojos. Hace años, en Isfajón, un clérigo ordenó arrojar ácido a chicas.
La mayoría de su familia y amigos huyeron de Irán; los que quedan son mayores e inactivos. Ve las acciones de Israel y Estados Unidos como una misión de rescate para el pueblo oprimido, pese a posibles errores como el bombardeo a una escuela en Minob. Acusó al régimen de propaganda victimista mientras escalaban tensiones 47 años: subiendo embajadas, tomando rehenes, financiando a Hezbollah y Hamas con millones de dólares anuales del petróleo.
Describió la vida diaria bajo el régimen como ruleta rusa: inseguridad total, crisis económica severa, arbitrariedad gubernamental. Cualquier disidente es tildado de espía de Israel o CIA. El sistema teocrático es intocable, "sagrado", elegido por un líder supremo no electo, con un presidente títere. No consultaron al pueblo sobre nucleares ni envíos a terroristas.
El régimen cortó internet y comunicaciones, impidiendo contacto con la diáspora de 8 millones. Solo medios aliados como BBC o Al Jazeera entran, manipulando la información.