El analista Juan Forero advierte que los objetivos de Estados Unidos e Israel contra Irán, como anular sus programas nuclear y de misiles y debilitar su capacidad militar, son alcanzables en cuatro semanas pero a un costo altísimo con externalidades negativas.
En la guerra de los 12 días del año pasado limitaron potenciales iraníes, pero ahora hay caos interno, bombardeos a aliados y el asesinato del líder supremo Khamenei apunta a un debilitamiento estructural sin cambio de régimen explícito, pese a antecedentes fallidos en Irak, Afganistán y Libia.
Irán es un polvorín étnico con persas en mayoría y minorías como kurdos, baluchíes y azeríes que podrían generar conflictos transfronterizos con Pakistán, Turquía e Irak; el régimen actual reemplazó al Shah Reza Pahlavi, cuya monarquía represiva modernizó el país hacia Occidente.
Donald Trump evita invasiones como en Irak, optando por bombardeos aéreos para forzar un régimen no amenazante externamente sin imponer democracia; Irán financia terrorismo global vía Hezbollah y Hamas, lo que justifica la estrategia, aunque de alto riesgo ante represión del régimen con Guardia Revolucionaria y Basij.
Protestas masivas de diciembre-enero muestran rechazo popular al régimen por crisis económica, con celebraciones por la muerte de Khamenei, pero falta liderazgo opositor organizado y el hijo del Shah, exiliado en EE.UU., no es aceptado ampliamente.