El conductor afirma que Disney convierte a todos en pelotudos por convicción, donde la gente se pone orejas de ratón y baila con muñecos, espera horas por atracciones ridículas y todo les parece lindo. Compara con el ejemplo clásico de mirar al cielo en Corrientes y Florida para atraer boludos.
Gran Hermano es peor porque sus comentaristas son más pelotudos que los participantes. Critica que el país hable de Andrea del Boca poniendo comino en la carne para causar diarrea, mientras la carne real subió al doble. Revela que él participó en traer Gran Hermano a Argentina con Meyer, Leandro Sosa, Lito Grassi y Leonardo D'Alzaro, pero el negocio son las llamadas a los teléfonos.
Ataca la televisión argentina paupérrima, con falta de ideas, programas de espectáculos, miniseries y ficción, culpando a Gran Hermano por pudrir todo. Dice que las universidades egresan conductores que terminan de panelistas o en teatro en Carlos Paz, y que esto distrae al pueblo mientras problemas reales como la economía empeoran.
Distingue entretener de distraer: al pueblo se lo entretiene pero no distrae con boludeces como comino en la carne picada de Andrea del Boca, asociándola a una guerra cultural-política con Cristina. Insiste en que el medio necesita ideas nuevas y baratas, como shows con estrellas argentinas.