La paciente Blanca relató el impacto devastador de su incontinencia urinaria de esfuerzo y urgencia desde antes de los 25 años, causada por vejiga hiperactiva, que la llevó a usar protectores diarios, evitar viajes, caminatas, relaciones íntimas y eventos sociales por vergüenza y miedo a olores o accidentes públicos. Esto generó aislamiento total y pérdida de calidad de vida.
Tras años de tratamientos fallidos como ejercicios de Kegel inadecuados y consultas iniciales, Blanca recibió un neuroestimulador sacro implantado por el doctor Héctor Soderini en el Hospital Churruca. El dispositivo, similar a un marcapaso cardíaco colocado en la grasa glútea, envía impulsos a los nervios de la vejiga para controlarla, con control remoto ajustable por la paciente. La cirugía bajo anestesia total fue exitosa y transformó su vida.
Los especialistas explicaron la escalera de tratamientos: primero kinesiología del piso pélvico con kinesiólogos especializados, luego medicamentos orales, toxina botulínica (botox) en la vejiga para relajar contracciones involuntarias, y finalmente el neuromodulador para casos extremos. Lamentaron que no esté cubierto por el Plan Médico Obligatorio, obligando a recursos de amparo judiciales.
Derribaron mitos: afecta a jóvenes activos como Blanca (cocinera), no solo ancianos o enfermos, puede ser leve o severo, y ocurre más de día por esfuerzos aunque de noche causa despertares múltiples por urgencia. Blanca aconsejó consultar sin vergüenza a ginecólogos o urólogos, ya que hablarlo es clave para derivaciones adecuadas.
Los médicos enfatizaron escuchar síntomas y dedicar tiempo a pacientes, destacando que uno de cada cuatro mujeres sufre esto, y urgieron consulta inmediata si hay pérdidas al reír, estornudar o cargar pesos.