Una mamá cuenta cómo sobrevivieron los padres al UPD, una fiesta de adolescentes donde los chicos se portaron bien pero requirió control constante.
Explican que metieron la cuchara en la organización, controlando la barra con límites de consumición y turnos desde las seis de la mañana para vigilar el caos.
Los conductores bromean sobre la dificultad de manejar a los chicos, el ruido y golpes juguetones, contrastando con el móvil del día anterior en el mismo lugar.
Destacan la tarea ardua de padres en un ambiente picante y desordenado, con divisiones y momentos tensos entre los jóvenes.