El régimen iraní, acorralado por ataques de Estados Unidos e Israel, sin líder espiritual Ali Khamenei y con nucleares dañados, amplía la guerra al Golfo Pérsico lanzando misiles y drones contra Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Qatar, Bahrein y Kuwait.
La Guardia Revolucionaria busca que esos gobiernos presionen a Donald Trump y Benjamín Netanyahu para frenar los bombardeos, golpeando infraestructura clave y objetivos civiles con drones baratos.
Irán también atacó la base británica Acrotiri en Chipre, advirtiendo a Keir Starmer que apoyo logístico a Washington implica entrar en guerra, extendiendo amenazas a bases, puertos y cielos aliados.
Sin embargo, la estrategia fracasa: Emiratos evalúa ataques preventivos a misiles iraníes, Europa refuerza Chipre y el Golfo coordina con EE.UU., sumando adversarios en vez de mediadores.
Gustavo Mura advierte que expandir el conflicto para forzar la paz puede dejar a Irán sin aliados dispuestos a mediar.