Estados Unidos continuaba apoyando el régimen del apartheid en Sudáfrica, un sistema de segregación racial impuesto por la minoría blanca mediante fuerza bruta.
El ANC, partido de oposición negra fundado en 1960, operaba con líderes exiliados o presos, como el prominente Nelson Mandela.
A pesar de críticas internacionales, Washington no abandonaba a su aliado sudafricano, bastión anticomunista con ricos recursos como uranio, diamantes y oro.