La muerte del ayatolá Ali Khamenei representa el peor golpe para Irán desde 1979, generando un triunvirato temporal para gobernar en crisis mientras Donald Trump insta a los iraníes a tomar el poder.
El experto en Estudios Islámicos Víctor Solano explica que Irán mantendrá la continuidad institucional pero retornará a bases de apoyo más cerradas y reactivas, ya que Khamenei era visto internamente como moderado. Predice una respuesta militar prolongada, no constante pero extendida en semanas, similar a lo anunciado por Trump, con despliegue parcial de capacidades como drones Shahid y misiles balísticos, según Larijani.
Irán oculta su poderío total, incluyendo nuclear, clave en su estrategia de disuasión. El nuevo líder supremo podría revertir la prohibición de Khamenei al armamento nuclear, con facciones leales apoyándolo, mientras se descentraliza el mando militar permitiendo bombardeos autónomos desde bases.
Estados Unidos e Israel, con inteligencia superior de la CIA, localizaron a Khamenei en Teherán para el ataque letal, aprovechando levantamientos populares y posibles deslealtades internas, que aún no se materializan pese a expectativas de Netanyahu y Trump.
La diplomacia se cierra: el canciller Larian Idaní y el Consejo Supremo de Seguridad Nacional rechazan negociar con Washington, vista como traidora tras retiros previos y diálogos fingidos, optando por defensa reactiva contra Occidente.