Reino Unido rechazó estar en guerra después del ataque con drones iraníes a su base en Chipre, pese a autorizar a EE.UU. usar complejos militares contra Irán.
Donald Trump reprochó a Keir Starmer por tardar en permitir el uso de la base de Diego García. El primer ministro laborista defendió su decisión en el Parlamento: "Es mi deber determinar qué responde al interés nacional del Reino Unido".
Starmer puntualizó que bases británicas no se usan para bombarderos estadounidenses y abogó por un acuerdo negociado donde Irán renuncie a armas nucleares y actividades desestabilizadoras.
La autorización busca impedir misiles iraníes que matan civiles y atacan países no involucrados, aunque evoca críticas por la guerra de Irak en 2003.