La operación decapitación, planeada durante meses por inteligencia de la CIA y Mossad, eliminó al líder supremo iraní Kamenei, al líder de la Guardia Revolucionaria y al ministro de defensa, junto a 40 altos mandos reunidos en un Consejo de Defensa. Donald Trump abandonó una fiesta en Mar-a-Lago para autorizar el ataque acelerado gracias a datos precisos sobre la reunión, en lo que se describe como la Tercera Guerra del Golfo.
200 aviones israelíes ejecutaron la operación Rugido del León contra 500 blancos, incluyendo sitios de misiles, fábricas de armas y sedes policiales para prevenir represalias masivas. Irán respondió con ataques desesperados a Israel, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, impactando instalaciones civiles y de gas sin reparos, lo que generó interrupciones económicas globales.
Irán amenazó con que "no van a estar a salvo en ningún lugar del mundo" a Estados Unidos, alertando sobre células terroristas y amplificación regional, coincidiendo con el mensaje de apertura de sesiones de Javier Milei en Argentina. Trump escaló retóricamente advirtiendo que "la mayor oleada de ataques aún está por llegar" y no descartando botas en tierra.
Irán poseía miles de misiles balísticos, pero no los usó en masa; expertos evaluaban capacidades previas en 2.500-3.000 unidades. El foco ahora está en el Estrecho de Hormuz, por donde pasa uno de cada cinco barriles de petróleo mundial, donde el tráfico se paralizó tras ataques a cargueros y suba de pólizas aseguradoras, amenazando con disrupción en precios del crudo.
Motivos profundos incluyen frenar la carrera nuclear iraní, según Rafael Grossi de la Agencia de Energía Atómica, y afectar el suministro de petróleo a China, que recibe el 23% de Irán y parte de Venezuela, en un plan para ahorcar la ruta de la seda energética. China ya se involucró en el conflicto.