Martín Moldavsky explica su lado impulsivo en el gasto del dinero, heredado de su padre, pero equilibrado con la bendición de haber triunfado económicamente después de venir de una familia humilde. Honra esa situación disfrutando con alegría, como en viajes grupales donde arman un pozo común para alquilar casas y autos, como la reciente semana en Albania con nueve amigos.
Habla de sexo, droga y rock and roll, afirmando disfrutar del sexo sin problemas, rechazar la droga que nunca le enganchó pese a tentaciones en el kibutz como tortas con merca o brownies en Paraná, y ser fanático del rock, especialmente de Charly García, a quien elegiría para una isla desierta.
Elige fideos con aceite de oliva y sal como comida eterna, y Bossa Nova de Betania y Caetano Veloso como música favorita tras verlos en vivo por sus 60 años en el escenario. Reflexiona sobre la muerte, ahora creyendo en conexiones post mortem tras experiencias recientes, y pide trámites fúnebres con la AMIA cerca de sus padres.
Luis Novaresio cierra la entrevista agradeciendo a Moldavsky por su visita y por lograr felicidad, sumando un buen momento a su haber de vida como suma de buenos instantes. Moldavsky agradece y bromea sobre no mencionar más a Ian ni Galia.