Javier Milei abrió las sesiones ordinarias en el Congreso el domingo 1 de marzo con un discurso de casi dos horas lleno de chicanas a la oposición, debatiendo si el tono agresivo estaba planeado o si se envalentonó durante la charla.
El presidente dividió al mundo en dos tipos de personas: "los que viven de lo que otros producen, es decir, los parásitos, o sea, ustedes", y los productores, acusando a la oposición de redactar regulaciones mientras ellos crean riqueza, prometiendo igualdad pero repartiendo pobreza.
Milei anunció que cada ministerio preparó 10 paquetes de reformas estructurales, totalizando 90 en un año calendario ininterrumpido para rediseñar la Argentina, rechazando acusaciones de dictadura y aclarando que no buscan acumular poder.
Arremetió contra la corrupción proponiendo avances en el Código Penal con penas más duras, reformas educativas para evitar adoctrinamiento, cambios electorales para transparentar financiamiento de partidos y eliminar mafias, y criticó la defensa populista de industrias subsidiadas como tubo de acero a 4.000 dólares o remeras a 50 dólares.
Destacó la alianza con Donald Trump contra desestabilizadores del antiguo régimen, mencionó bombas a la AMIA y el caso Nisman, y celebró la modernización laboral aprobada que sacó a la mitad de los trabajadores de la informalidad, en un contexto de incertidumbre política donde se disparó el riesgo país.