Irán es el principal financista del terrorismo regional, habiendo creado Hezbollah en Líbano, una milicia chiita poderosa que en 2006 combatió de igual a igual contra Israel, y también apoyando a Hamas sunita antiisraelí, junto con otros grupos.
Los ataques de Estados Unidos e Israel buscan reducir drásticamente las capacidades militares y logísticas de Irán, eliminando mandos altos de Hezbollah y otras organizaciones, rompiendo cadenas de mando y debilitando el financiamiento al terrorismo, aunque un cambio de régimen completo parece improbable sin fractura en el aparato represivo iraní.
Israel se enfoca en decapitar jefes militares, religiosos y milicias como las Basij, incluyendo la muerte del hijo de Khamenei, mientras Estados Unidos destruye misiles balísticos, drones e infraestructura militar, sin tocar aún la petrolera para evitar caos inmediato.
El impacto se extiende al petróleo, con tensiones en el Estrecho de Ormuz controlado por Irán y ataques hutíes aliados en el Mar Rojo y Golfo de Adén; el barril subió de 60 a 80 dólares y bajó a 70, afectando a China (comprador del 15% del petróleo iraní), Europa y Japón, pero no a autoabastecido Estados Unidos.
La reconfiguración del Medio Oriente debilita a Rusia y China, neutraliza amenazas como Siria e Irak, y evita anarquía en Irán (90 millones de habitantes) para prevenir migraciones masivas a Europa; Pakistán, nuclear y aliado de Arabia Saudita, no se aliará con Irán ni talibanes afganos.