Andrea del Boca se transformó en la protagonista absoluta de Gran Hermano Generación Dorada, pero genera máxima preocupación en Telefe porque no resiste más el encierro, extraña a su gente y tensiones con los jóvenes convivientes.
La actriz tomó posición estratégica en la cocina, ahora diagonal para vigilar toda la casa como un mirador, controla la comida y genera roces, como con el asado donde quiso reservar vacío al horno mientras Brian Sarmiento insistía en cocinar.
Sus gestos muestran cansancio extremo, dice no ser feliz adentro pese a parecer cuento de hadas desde afuera, y hasta habla con un almohadón porque extraña a su hija que vive con la tía y la abuela; sufrió un problema gastrointestinal con un solo baño.
La producción la mima recreando escenas de sus películas como Siempre se nos va, firmó por un mes con buen caché, pero pende de un hilo si aguanta; reingresó Daniela tras duelo por su padre, inédito en realities.
Panelistas la adoran como ídola por su jugada magistral entrando al reality, destacan su lado tana e indígena explosivo, pero temen colapso total en la casa con 28 participantes.