Los sobrevivientes Amar Agun y Muhammad Labasi relataron el ataque con gas tóxico del ejército francés en la cueva de Ushetú en 1959, durante la guerra de independencia de Argelia. Amar, de 15 años, se refugió allí con su hermano Abderamane y otros aldeanos tras un bombardeo; helicópteros lanzaron humo negro que causó tos intensa, saliva verde y desmayos masivos entre los refugiados.
Christophe Lafache desclasificó cientos de documentos militares que prueban la autorización francesa para usar armas químicas desde 1956. Una carta del comandante de la décima región militar confirmó el acuerdo para emplear químicos contra guerrilleros del FLN, con pruebas de granadas en cuevas, uso de cloroacetofenona de la Primera Guerra Mundial y tabletas incendiarias.
París creó pelotones de armas especiales, como contó el exsoldado Jacques Jure, pastelero reclutado que procesaba cuevas lanzando gas para impedir refugios rebeldes. Sabían que violaba la Convención de Ginebra, pero ignoraban la composición de las granadas; helicópteros los llevaban a operaciones donde gaseaban y volaban entradas.
Diarios de guerra detallan infecciones de cuevas ocupadas, con rebeldes saliendo asfixiados y capturados. El general Raoul Salan recomendó generalizar el uso, equipando decenas de equipos en todo Argelia. François Mitterrand, entonces ministro del Interior, respaldó la represión contra los catalogados como forajidos.
Jacques Jure mostró fotos y recuerdos de sus 29 meses en Argelia, incluyendo quemaduras por el gas en primeras operaciones y trajes suministrados después, pero nunca supo qué contenían las sustancias químicas usadas contra las cuevas.