Los analistas destacaron las debilidades militares de Irán, como una fuerza aérea vetusta y limitada presencia naval, aunque posee misiles balísticos de hasta 2.300 kilómetros y drones. El régimen libra una batalla existencial por su supervivencia frente a presiones de Estados Unidos e Israel, agravadas por el debilitamiento de proxies como Hezbolá, Hamás y hutíes, y protestas internas masivas.
La población iraní teme un caos post-régimen similar al de Libia, Siria e Irak tras intervenciones externas, lo que complica su posición. Irán busca elevar costos a los agresores para legitimarse internamente mediante un efecto "rally around the flag" y negociar desde ahí. Las monarquías del Golfo también reconocen esta complejidad.
Desde Nueva York, el corresponsal Mauricio Zabalza reportó preocupación general, pero alegría entre iraní-americanos por el ataque, vinculando al líder iraní con atentados en Argentina. Recordó que Trump desmanteló el plan de Obama para contener a Irán, involucrando al argentino Agustín Rossi, permitiendo enriquecimiento de uranio y ataques previos.
El panel criticó la baja popularidad de Trump, atribuida a empleo, inflación y migración, sugiriendo que el conflicto distrae y militariza de cara a elecciones que podría desconocer. Demócratas cuestionan la falta de aprobación congressional. Se temen impactos en mercados, petríleo y economía global, negando Trump datos optimistas como precios de gasolina.
En desarrollo, reportes indican que Estados Unidos hundió un buque de guerra iraní en el Golfo de Omán durante la operación Epic Fury, y bombarderos B-2 atacaron lanzamisiles subterráneos, escalando el conflicto con posibles involucramientos de Pakistán.