La televisión estatal iraní confirmó la muerte del líder supremo Ali Khamenei en los bombardeos de Israel y Estados Unidos contra instalaciones en Teherán. El régimen decretó 40 días de luto nacional y prometió venganza, mientras miles de iraníes celebraron en las calles, derribando símbolos del régimen en al menos una ciudad.
Expertos como Marina Millón desde Múnich y Luciano Sácara desde Doha analizaron que Irán permanece aislado sin apoyo de aliados como Hezbolá o Hutíes. Donald Trump reportó que su ejército hundió nueve buques militares iraníes, destruyó el cuartel naval y eliminó a 48 altos mandos, con solo tres bajas estadounidenses. El programa nuclear iraní, distribuido y subterráneo, es poco probable que haya sido desmantelado completamente debido al know-how de ingenieros y apoyo de China y Rusia.
Partidarios del ayatolá lamentaron su muerte en Teherán jurando represalias, pero el régimen nombró un triunvirato interino con tres funcionarios, incluyendo al jurista Ali Reza Arassi, para liderar hasta elegir un nuevo líder supremo. Trump aseguró que los nuevos dirigentes iraníes buscan dialogar.
La biografía de Khamenei destaca su ascenso desde clérigo en Mashhad, unión a la revolución contra el Shah Pahlavi junto a Ruhollah Jomeini, liderazgo desde 1989 pese a dudas sobre su calificación religiosa, represión de protestas como el Movimiento Verde de 2009 y revueltas de 2022 por la muerte de Mahsa Amini, intensificación de hostilidades contra Israel y EE.UU., y control vía Guardia Revolucionaria.
Durante la crisis de 2025, Khamenei se ocultó emitiendo solo declaraciones pregrabadas, dejando un vacío de poder que erosionó su confianza. Analistas ven un punto de inflexión desde el 7 de octubre, con reglas regionales colapsando hacia la ley del más fuerte, paralizando seis países del Golfo con espacio aéreo cerrado.