En el camino de la Cuaresma, los fieles se impregnan de la Palabra de Dios para profundizar su contenido y reflexionar su mensaje, recorriendo un sendero de renovación interior que culmina en la renovación de las promesas bautismales durante la noche de Pascua.
La gloria final se manifiesta en la persona de Jesús, proclamado por Dios como su Hijo muy querido, tal como en el Jordán. Desde la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, se comparte la Santa Misa presidida por Monseñor Jorge García Cuerva, Arzobispo de Buenos Aires, uniendo a los presentes y a quienes siguen por radio, televisión y redes sociales, especialmente a enfermos, ancianos, lejanos o detenidos.
La celebración inicia con el signo de la cruz y el acto penitencial, donde el sacerdote invita a presentar el corazón arrepentido al Señor, pidiendo misericordia por los pecados. Se reza la oración colecta para que Dios alimente el espíritu con su Palabra y purifique la mirada interior.
Las lecturas incluyen la del libro del Génesis, donde Dios ordena a Abraham dejar su tierra para bendecirlo y hacer de él una gran nación; el Salmo responsorial que exalta la rectitud y lealtad de la palabra del Señor; y la Segunda Carta de San Pablo a Timoteo, destacando la gracia de Dios revelada en Jesucristo que destruyó la muerte.
El Evangelio según San Mateo relata la Transfiguración de Jesús en el monte con Pedro, Santiago y Juan, donde aparece con Moisés y Elías, y una voz desde la nube proclama: «Este es mi hijo muy querido, escúchenlo».