El mundo entra en una nueva era de proliferación nuclear tras el fin del tratado New Start entre Estados Unidos y Rusia, que ponía límites a sus arsenales atómicos. Este pacto, firmado en 2010 por Barack Obama y Dmitry Medvedev, establecía un máximo de 1.550 ojivas nucleares desplegadas y 700 sistemas de lanzamiento por país, además de inspecciones mutuas que ahora desaparecen.
El tratado se prorrogó en 2021 por Joe Biden y Vladimir Putin por cinco años más, pero Rusia lo suspendió en febrero de 2023 en protesta por el apoyo estadounidense a Ucrania. Donald Trump criticó el acuerdo en Truth Social como un mal negocio y busca un nuevo pacto modernizado, mientras ambos países superan las 1.700 ojivas operativas cada uno.
El desmantelamiento de este control revierte décadas de desarme post-Guerra Fría, desde el START I en 1987 que redujo arsenales de más de 64.000 ojivas en 1986. Ahora surge inquietud por el auge nuclear de China, que se acerca a las 1.000 ojivas para 2030, y otros como Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte.
Las potencias modernizan sus arsenales: EE.UU. invertirá cerca de un billón de dólares en misiles, submarinos y bombarderos, Rusia avanza con tecnologías como el tortero, y Trump anuncia la Cúpula Dorada, un escudo antimisiles. Esto alimenta una carrera armamentística global, con gasto militar en 2,7 billones de dólares en 2024, amenazando el Tratado de No Proliferación Nuclear de 1970.