Paulo Bota, analista especialista en Medio Oriente, evalúa la eliminación del líder supremo Ali Khamenei como un asesinato de jefe de Estado que socava el derecho internacional, aunque Irán ya preparaba su sucesión por su avanzada edad y salud precaria.
El régimen iraní enfrenta un reacomodamiento similar al de 1989 tras la muerte de Khomeini, donde la Constitución se modificó y los Guardias Revolucionarios, Fuerzas Armadas y servicios de inteligencia actuarán como 'kingmakers' para elegir al nuevo líder.
Irán podría pasar de una república islámica clerical a una más pretoriana militar, sin opciones realistas para un cambio democrático. La oposición democrática no existe tras 50 años de represión, y el sistema retiene sus pesos y contrapesos pese a la ausencia de Khamenei.
Bota, quien visitó Teherán para su tesis doctoral, descarta que la población logre sin líderes un régimen más democrático, ya que persiste el aparato represivo del régimen.