Cuatro delincuentes armados irrumpieron en una concesionaria de González Catán y desplegaron un salvajismo extremo al torturar a una empleada del sector administrativo, arrastrándola de los pelos, pateándola en el piso y golpeándola repetidamente porque no creían que no hubiera dinero en las oficinas.
La violencia no cesó ante la llegada de un familiar con una bebé de dos o tres años; uno de los ladrones apuntó con un arma a la criatura para intimidar y forzar la entrega de dinero, en un momento terrorífico que hiela la sangre, mientras la nena lloraba observando el sadismo.
Los empleados suplicaban explicando que el dinero estaba escondido en un vehículo para evitar robos, pero los asaltantes, adultos y grandes, revisaban todo sin encontrar nada, gritando amenazas como "dame la plata o la mato". Golpearon también a hombres presentes.
Las cámaras de seguridad captaron las caras cubiertas con gorritas, pero identificables; aún no hay detenidos y se analizan filmaciones exteriores para rastrear la fuga. El panel describió la escena como demencial y desesperante.