La Unión Europea reaccionó a los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán criticando con contundencia las represalias iraníes, sin condenar los bombardeos iniciales. Ursula von der Leyen denunció los misiles iraníes como injustificados y violatorios del derecho internacional, especialmente contra los Emiratos Árabes Unidos. Antonio Costa condenó los ataques de Irán a sus vecinos como una escalada peligrosa.
Autoridades europeas convocaron dos reuniones extraordinarias: una videoconferencia de ministros de Exteriores el domingo y otra del Colegio de Comisarios el lunes, con el fin de buscar una solución diplomática y presionar a Irán para detener sus programas nuclear y balístico. Expresaron preocupación por un posible cierre del Estrecho de Ormuz, que impactaría el comercio y los precios del petróleo.
Alemania apoyó plenamente a Estados Unidos e Israel, con el canciller Friedrich Merz condenando el programa nuclear iraní y la represión interna. El gobierno alemán emitió comunicados conjuntas con Francia y Reino Unido, alineándose con la narrativa de Washington. Críticas solo vinieron de la izquierda y AfD, que mencionaron el derecho internacional pero evitaron atacar a Trump.
La Guardia Revolucionaria Islámica, dirigida por Mohammad Pakpour y leal a Ali Khamenei, controla sectores clave de la economía iraní como petróleo y telecomunicaciones, pese a sanciones que afectan a la población. Gestiona el Eje de la Resistencia con Hezbollah, Hamas y hutíes, y ha sido calificada de terrorista por varios países. Israel y Estados Unidos han diezmado su liderazgo en ataques previos.
En resumen de la crisis, la Operación Furia Épica de Estados Unidos e Israel destruyó instalaciones iraníes, confirmando la muerte de Khamenei según Netanyahu y Trump. Irán respondió con drones y misiles contra bases en la región, reportándose más de 200 muertos. Canadá, Australia y Argentina respaldaron los ataques, mientras Perú pidió paz.