La piquetera relata que soportó cuatro años encadenada al cuello a un árbol durante protestas, una experiencia denigrante que evoca la imagen de esclavos africanos llegando a América. Explica que afecta psicológicamente, haciendo cuestionar la propia humanidad.
Describe el drama de las necesidades fisiológicas, dependiendo del capricho de guardias crueles que negaban permisos para usar chontos y obligaban a hacerlo frente a ellos, especialmente humillante para mujeres que deben desvestirse.
Cuenta que no había higiene, solo permiso ocasional para ir al río una vez al día, complicado en el periodo menstrual sin toallas. Subraya el horror físico y mental de esa forma de protesta extrema.