La invitada relata que su novia de desfile siempre fue suya, incluso en Europa, donde se fue por la fama que la incomodaba y se sentía sola.
En su primer día en París, nadie la conocía, compró un croissant grande y caminaba feliz por la calle cuando se cruzó con un bombonazo de ojos azules.
Se casó con Philippe Valle-Liés, a quien conoció ese día; él la vio cerrar un desfile en Bélgica con un vestido años 20 y decidió casarse con ella.
Tenía 23 años y él 33; después se enamoró de Araujo, otro bombonazo, destacando su debilidad por hombres atractivos.