El ejército israelí eliminó al jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica, al asesor del guía supremo Ali Khamenei y otros líderes clave del régimen iraní, confirmando la muerte de Khamenei, cuyo cuerpo fue visto por Benjamin Netanyahu y el presidente estadounidense. Irán respondió atacando bases de Estados Unidos en el Golfo Pérsico, lo que provocó el cierre del espacio aéreo en rutas clave como las de Qatar Airways y Emirates.
Expertos analizan que Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva masiva desde el aire para decapitar el liderazgo iraní y fomentar un cambio de régimen, sin desplegar tropas terrestres como en Irak en 2003. El régimen iraní amenaza con una respuesta brutal, pero su poder de fuego misilístico parece limitado tras ataques previos, y busca ganar tiempo para unir a la población bajo la retórica de resistencia contra superpotencias.
Se cuestiona si habrá un sucesor rápido para Khamenei o un levantamiento popular, recordando las miles de muertes causadas por el régimen en protestas por democracia. Ataques colaterales como 80 muertos en una escuela iraní podrían erosionar el apoyo interno. La casa de Mahmoud Ahmadinejad, expresidente de línea dura, también fue blanco.
Donald Trump prepara a la población estadounidense para posibles bajas, destacando el alto costo político de cualquier pérdida. Analistas comparan con la caída de Saddam Hussein, advirtiendo riesgos de caos peor que la dictadura y atentados terroristas globales, como los que Irán ha protagonizado en Argentina.
El conflicto, iniciado dentro del plazo dado por Trump para negociaciones nucleares, parece prolongarse con el arribo del portaaviones USS Gerald R. Ford y evacuaciones previas. Reuniones como la de Viena quedan en duda ante la eliminación continua de líderes iraníes.