En Leiva Joyas, un hijo único hereda una casa y encuentra jarras de plata de aproximadamente 1930 en una vitrina de su tía abuela, a quien cuidó hasta el final, y las lleva a tasar.
El tasador confirma que son de plata en perfectas condiciones pero sin el juego completo de tazas de porcelana, por lo que las compra solo por peso del metal, ya que la balanza profesional llega hasta 400 gramos por pieza.
Tras pesarlas, ofrece un buen número por el metal, el heredero acepta feliz sumado a la casa heredada, elige cobrar en dólares y recibe caramelitos de regalo mientras seguridad lo acompaña.
El cliente destaca que conoció Leiva Joyas por publicidades y recomendaciones de amigos y familia, confiando en ellos para comprar y vender desde hace años.