La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán cuenta con entre 150.000 y 200.000 efectivos activos y funciona como un ejército paralelo que protege el legado de la Revolución Islámica de 1979.
Esta fuerza responde directamente al líder supremo Ayatollah Khamenei y está dirigida por Mohammad Pak Pua, quien evade las presiones del gobierno o el presidente. Controla sectores económicos vitales como defensa, petróleo, gas, construcción y telecomunicaciones por miles de millones de dólares, aislándose de las sanciones que afectan a la población común.
El resentimiento crece entre los iraníes ordinarios contra esta élite, que también gestiona el Eje de la Resistencia con aliados como Hezbollah en Líbano, Hamas en Gaza y los rebeldes hutíes en Yemen. Varios países la califican como organización terrorista.
En 2020, un ataque de Estados Unidos mató al jefe de la fuerza Quds, y bombardeos israelíes eliminaron parte de su liderazgo. Pese a pérdidas, se mantiene firme como blanco prioritario.