Drones rusos atacan civiles en Ucrania con minas mariposa dispersadas tras explosiones FPV, diseñadas para causar heridas graves en lugar de matar directamente. Estas minas pequeñas, similares a hojas, se lanzan sobre áreas pobladas como hospitales en Gersón, activándose al pisarlas y provocando amputaciones.
Rusia despliega también drones Shahed de largo alcance iraníes, lanzados en oleadas nocturnas que saturan defensas ucranianas y golpean ciudades como Odessa, destruyendo edificios y matando civiles mientras duermen. En enero, decenas impactaron la ciudad portuaria, dejando dos muertos en un edificio residencial.
Los ataques se extienden a transporte civil: un tren de pasajeros en Kharkiv fue alcanzado por tres drones, matando seis personas incluyendo cinco civiles, lo que genera terror psicológico y lleva a la ferroviaria Ucrzaliznytsia a recomendar evitar viajes en ciertas regiones.
En 2025, drones de corto alcance causaron 526 civiles muertos y más de 3.000 heridos en territorio ucraniano controlado, según la ONU, mientras drones de largo alcance mataron 684 y hirieron 4.000. Ucrania responde con drones contra objetivos rusos, aunque algunos impactan zonas civiles.