El Corán describió montañas como estacas que estabilizan la Tierra, con raíces profundas que previenen movimientos tectónicos descontrolados.
Geólogos modernos confirmaron esta función en el siglo XIX, y la tectónica de placas en los años 60.
El texto antiguo anticipó este conocimiento con precisión, desafiando la lógica de su era.